Only when we have no mind on things and no things in our mind we become available.
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martes, 25 de noviembre de 2025

Quinto aniversario

 A Katia.

Quinto aniversario:



Ya van cinco años contigo y es un placer aprender a tu lado.

Antes de que la vida me hiciera llegar a ti, realicé un durísimo trabajo interno: mirar hacia adentro dolía, porque tenía que ver un montón de oscuridad y olvido que no quería traer a la luz. Siempre te lo digo: si me llegas a conocer dos o tres años antes, no me habrías atraído, porque la comunicación real y la inteligencia emocional no me atraían, así de ciega estaba, así que doy por sentado que yo tampoco te habría gustado a ti. No estaba preparada para querer de igual a igual.

De ti he aprendido que puedes escoger a otras personas, y lo haces, pero siempre me escoges a mí también. Que podemos ser independientes y amarnos, que podemos ser valientes y honestas y vulnerables. Que podemos comunicarnos plenamente y aceptarnos, que puedo ser tonta contigo sin ser menos que tú porque las jerarquías no tienen sentido cuando no tenemos miedo.

Y contigo he podido vivir dos lecciones que había entendido ya hacía años pero no había podido experimentar: que una persona ni puede ni debe llenar todas las necesidades emocionales de otra, y que nadie debería idealizar a nadie, porque hay en estos dos escenarios una sutil crueldad.

En enero nos dijimos que nuestra meta era acercarnos sólo a gente que quisiera tratarnos bien, comprendernos y empatizar con nosotras, y lo estamos consiguiendo.

Nos merecemos a personas a nuestro alrededor que pongan el mismo esfuerzo en escucharnos y entendernos que ponemos nosotras en estar presentes para ellas.

Pero también he aprendido más cosas: he aprendido que el amor es compartir responsabilidad afectiva: cuidar a ratos, sí, y que te cuiden a ratos también. He aprendido que no eres un símbolo que me da identidad, y con esto quiero decir que no eres una amante que me quita la angustia de no ser deseada, no eres el alivio del temor a no ser amada, no te quiero porque me aterrorice estar sola o porque mi valor dependa de que alguien me quiera y me valide. Porque la verdad es que me quiere mucha gente y, si no, ya me quiero yo. Te quiero por ti, por quien tú eres, tal y como tú eres. Ahora que mi trauma me ha abandonado y he comprendido la verdad del silencio, ya no tengo miedo.

El amor es lo que queda cuando el temor a perderte se va, cuando el control y la posesión son sólo espejismos para corazones cobardes.

Te quiero porque el amor en mí es infinito y me da la sensación de que hasta ahora sólo he querido a medias a todo el mundo.

Te quiero precisamente porque no te necesito desesperadamente, sino porque comparto el tiempo y el silencio contigo y juntas adornamos los días.

El amor no se esconde en gestos grandiosos, es tan cotidiano y mágico como un atardecer en calma.

Y con mi amor siento también admiración.

Te admiro por tu forma de hablar, por tus razonamientos, porque la igualdad siempre es tu prioridad, por lo graciosa que eres, por lo inteligente que eres, y por todo lo que te esfuerzas siempre.

Tu corazón es bonito y cuando seamos viejas y estemos arrugadas, ajadas e incluso gurrumías, tu corazón seguirá irradiando luz. Porque sabes que tener un buen corazón no es suficiente y haces exactamente lo que tienes que hacer para ser tú sin traicionarte.

Es una maravilla estar contigo y cuando tenemos un problema nunca jamás se convierte en una guerra de sordas que no saben escucharse, sino que hacemos equipo, hacemos un frente común y juntas combatimos cualquier cosa que se nos ponga por delante. Sabemos que los errores son las puertas al crecimiento personal y quien no se hace responsable de ellos, nunca crece. Sin embargo nosotras crecemos juntas, maduramos juntas, nos hacemos fuertes juntas, nos hacemos suaves juntas, aprendemos juntas y aprendemos la una de la otra. La vida me ha llevado justo a este punto, me ha traído justo a este lugar en el que sólo puedo quererte. Y tengo toda la suerte del mundo por quererte, porque me ha tocado la lotería de las novias.

Y lo siento por otra metáfora más, sé que no son lo tuyo, pero me tendrás que disculpar: te quiero como quiere la luna a las olas del océano: la luna no se propone reflejarse en el agua y la marea no se propone bailar con la luna.

En otras palabras, te quiero sin querer porque te quiero libre: te quiero cuando me quieres, y si no me quisieras, también te querría.


    Quinto aniversario  © 2025 by Marta Roussel Perla is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International. To view a copy of this license, visit https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/


miércoles, 5 de febrero de 2025

Para Katia

 Para Katia:

 

Recuerdas a una persona que aún no conoces,

con el espíritu en calma

quieres comprender,

ver lo importante a través de sus ojos.

Sientes su corazón en tus latidos,

lees su cuerpo, escrito en vibraciones

con las yemas de tus dedos,

aprendes quién es y quién fue,

descubres sus sueños,

respiras su libertad,

y el mundo entero se detiene en su abrazo,

rompes los grilletes de las palabras y el tiempo,

te das de bruces contra sus traumas,

abres heridas y a veces sanas cicatrices,

amas, en definitiva, a otro ser humano.

 

Al carnaval de la vida

vinimos con nuestro propio rostro,

mientras la música adornaba

los segundos que se iban amontonando ante

la ceniza transformándose en ascua,

el ascua prendiéndose en llama,

y el fuego alzando el vuelo

desafiando al destino,

deshaciendo las ataduras

con un grito de batalla,

que se aquieta y se templa,

al fundirse en la sensación

de que volver a casa cabe en sus brazos.


Para Katia © 2024 by Marta Roussel Perla is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

lunes, 10 de abril de 2023

A veces

A veces siento un amor que me desborda y lo desborda todo. No puedo predecir cuándo ocurrirá y nada puede prepararme para ello y aunque a veces va ligado al amor romántico y éste me ayude a recordarlo, no siempre es así. Simplemente aparece en mí.

Es tan grande que lo llena todo, me hundo y siento que mi corazón está a punto de estallar. Esta intensidad no me pertenece a mí, es más bien como si el mundo entero me abrazara y me mostrara la belleza encerrada en cada pequeño detalle y en cada segundo de existencia.
Y por algún motivo, aunque pueda parecer una especie de escapismo al contemplar todo aquello que nos rodea, tengo la impresión de que estoy atada a la realidad como si las mismas raíces del mundo fueran las mías propias.
En esos momentos todo es demasiado y no hay forma de poderlo contener, es como si yo desapareciera y sólo quedara esa riada de emoción. Y sólo puedo llorar y sentir felicidad. 🥰🥰🥰

martes, 3 de enero de 2023

Tortuguitas

 

The tortoise is a ground-living creature. It is impossible to live nearer the ground without being under it. Its horizons are a few inches away. It has about as good a turn of speed as you need to hunt down a lettuce.

 

Terry Pratchett.


Tortuguitas:

 

            En los sueños a veces vemos a extraños que no lo son y en la isla esmeralda dicen que un extraño es un amigo que está aún por conocer.

            No sé si soñé con ellas antes de conocerlas, pero sé que sueño con ellas bajo cualquier auspicio y color. Sé que puedo reconocerlas a través de todas las noches en los reinos de Oniros sin importar el disfraz que haya decidido tejer la imaginación y, sin embargo, las admiro como en cada instante de vigilia.

            Amigas y amantes, se querían tanto que se dejaron marchar y se querían tanto que se reencuentran sin querer, tal vez con otra forma.

            El verdadero amor es libre.

Y camina a paso lento y relajado, como el de las tortuguitas tomando el horizonte por guía y maestro.

Cuando quieres a alguien, simplemente deseas que esté en tu vida si ése es su deseo.

¿Y por qué adoro a estas mujeres? Porque se tatúan sus temores, les dan vida y les acorralan contra la esperanza; porque son un abrazo en el que se refugia el corazón, porque son una sonrisa compartida en la que descansar, porque son guerreras deshaciéndose de las cadenas del poder.

Y en esta noche, con el sabor del vino ya en los labios, sonrío al pensarlas.

Mirándonos de igual a igual.

 

 


 

Creative Commons Licence
Tortuguitas by Marta Roussel Perla is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
Based on a work at https://martarousselperla.blogspot.com/.

jueves, 31 de marzo de 2022

Verso blanco

 Verso blanco:

Caen las máscaras,
los cerrojos y los espejos rotos.
En calma, sabiendo
que pensamos demasiado,
que lloramos demasiado,
que reímos demasiado,
sentimos demasiado.
Las promesas se derrumban,
allí donde la escucha nace,
dejando un camino de realidad que andamos.
Tu piel late bajo mis dedos,
tu deseo es una palabra que puedo recorrer,
tu alma está escrita en lengua para ciegos.
Hay tanto que dejar de ver para poder contemplarla,
tanto peso muerto de ideas pasadas,
de errores,
experiencia dada la vuelta y vaciada.
En el tejido de tus victorias se trenza mi admiración,
mientras nos susurran secretos:
el amor no se dice, se hace.
Tras desafiar al mundo con tu solo ser,
tranquila me tienes descansando
en un abrazo compartido
con quienes hemos construido nuestro reflejo
más allá de los espejos. Ya no hay máscaras.
Sólo queda una tríada llena de poder.


Creative Commons License
Verso blanco para Katia by Marta Roussel Perla is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
Based on a work at https://martarousselperla.blogspot.com/.

sábado, 14 de febrero de 2015

El incienso, el humo y el viento


A miss Carrousel.

El incienso, el humo y el viento:

Nace la llama, la barra de incienso palpita, se incendia, y queda una brasa naranja y brillante y su lenta consunción. Las cosas podían haber sido de otra manera, pero las cosas son, sobre todo, las cosas. El atardecer juega al escondite con los árboles mientras yo me transformo en los rayos del sol que atraviesan el bosque. Pienso en aquellos días de lluvia secándose ante la primavera. Te echaba de menos, pero sentía alegría porque me sabía capaz no de sufrir ante tu ausencia, sino de celebrar el hecho de que quería entregarte el juego de las horas que no existen. La tristeza no me hacía sufrir, simplemente contemplaba una careta apenada que nadie llevaba y sentía la importancia de quien no estaba moviéndose, como el humo ante mis ojos. Era como estas volutas que se deslizan ahora, abriéndose huecos en el espacio mismo para disiparse después. Era como este humo, como este incienso. El olor es dulce e intenso. Recuerdo que la imaginación estaba vacía de imágenes, de rasgos, de contratiempos. Se llenaba con discursos, versos que nacían y morían al amparo de un amor no correspondido, ¿contratiempos? Yo me sentía feliz, porque sentía que debía agradecerte todo cuanto me estabas enseñando. Ha pasado casi un año desde entonces, y sigo sintiéndome agradecido. Me sigo sintiendo feliz de haber tenido la oportunidad de amarte y comprender que no necesitaba nada de ti, ni si quiera tu amor. Por supuesto que me hubiese gustado recibirlo, seguramente nos habríamos descubierto entre sorpresas, entre risas y entre sábanas, a través de susurros de tinta, entre días y noches y abrazos, a través de caricias sin cuerpo, más allá del camino que dejan todos los silencios. Pero te amé sin más, sin pedir nada. Por eso trato de rendirte homenaje con lo que no llega a ser un pedazo de alma consumiéndose en estas letras a las que da vida. Te escribo ahora ante el incienso ardiendo… esto no es nada especial. Se trata de honrarte a ti. Ni siquiera se trata de honrar a quien tú creas que eres. Yo no conozco a quien tú crees que eres. Me enamoré de quien eres. No hay nada, pero eres tú. Eres tú. No hay una chica preocupada ni no preocupada, no hay una chica feliz ni infeliz, no creo que haya una chica siquiera, hay un vacío infinito que se llena con cada respiración. Claro que es lo mismo que sucede en cada evento y momento del mundo y claro que es pura casualidad o causalidad que me hubiera enamorado precisamente de este vacío bajo esa forma tuya que nunca supe. Y me sentía desaparecer y te sentía desaparecer, no porque hubiéramos de ser eliminados como un error sistémico en detrimento de alguna otra cosa, sino como el humo del incienso quemándose que está ante mí. Incienso quemándose, fragante, frágil y errabundo. No es que no supiera verte, tus rarezas, tus defectos, tus virtudes, no es que no te supiera ver dividida. Éramos sinceros, somos sinceros. Pero te sabía ver debajo de cada pequeña faceta tuya, debajo de cada pensamiento, de cada sentimiento, de cada vibración. Me encantaba compartir lo que compartía contigo, por supuesto hay algo importante que sigo compartiendo contigo. El humo tampoco tiene forma y a nadie se le ocurriría decir que no es. Tú no eres las palabras que has elegido, ni las que algún otro ha elegido para ti, de modo que espero que disculpes mi atrevimiento al tratar de describirte con ellas. Si te sirve de consuelo soy consciente de que es una ilusión, un personaje más relatándose a sí mismo. Por eso te veo debajo de las preguntas, debajo de las respuestas, jugando al escondite con el bosque. Por eso te veo bailando con el incienso y sonrío. Porque me haces sonreír, siempre me has hecho sonreír. El incienso dibuja su viaje a través del viento, dándole forma también a él, compartiéndose como hubiéramos hecho tú y yo. En realidad ni el humo ni el viento desaparecen en un poema, lo que ocurre más bien es que sin perder ni un ápice de sí mismos no se les puede relatar como algo distinto. Se dibujan juntos, sin palabras, contorsionándose en un único movimiento. Y lo cierto es que, aún hoy, y aunque no te ame, sé que es algo hermoso. Y te lo dije: eres algo hermoso.
Puede que lo haya mencionado antes: este texto no es gran cosa, es sólo el movimiento de la memoria ondulándose, prendiéndose y apagándose como esta barra de incienso de la que ahora me despido. El atardecer se quedará en el bosque.
Soplo las cenizas y sigo caminando. Tengo una cerveza a la que invitarte.
El olor permanece allí, lejos de mi presencia.
Es dulce e intenso.

domingo, 31 de agosto de 2014

La historia de Bjorn

La historia de Bjorn:

–Vivimos en las ruinas de una civilización –declaró Bjorn.
Vivían en las ruinas de una civilización. Moraban entre los vestigios que seguían el camino de lo que pudo ser. Además, en aquel preciso momento estaban resguardados por los muros de una antigua catedral de proporciones colosales y semiderruida, de forma que aquel enunciado adquiría un cariz significativamente gráfico.
Su interlocutora le miraba fijamente, hacía tiempo para que él siguiese hablando y aprovechaba para comerse el filete que tenía delante.
–Debió de resultar majestuosa –comentó Bjorn, dejando la piedra de amolar de su compañera a un lado para coger el asa de la jarra de cerveza que compartían.
–¿Qué? –quiso saber ella parpadeando, hablando con la boca llena e intentando espantar a un par de moscas muy ambiciosas que se habían propuesto secuestrar su filete. Una se posó en la mesa, cerca de Bjorn, pero estaba tan pegajosa su superficie de bebidas derramadas que éste no estaba dispuesto a intentar exterminarla con una palmada.
–Esta catedral –repitió él lamiéndose la espuma de los labios, describiendo un pequeño arco con la mano de la jarra–. Debió de ser… impresionante.
Aún lo era: aunque agrietada, sin apenas vidrio en las vidrieras y con medio tejado derrumbado, contenía en su interior un pequeño asentamiento humano. Las casas aprovechaban las paredes de piedra como apoyo para las restantes de madera y los techos de paja y turba contenían las aguas cuando llovía. Había un pozo y tenían un terreno cercado contiguo al ala oeste, a salvo de monstruos y demás depredadores.
Pero ella, Nara, no entendía nada de las construcciones humanas y, a juzgar por algunos episodios de su vida, las construcciones humanas tampoco la entendían a ella.
En cuanto a la gente, hablar de recelo hubiera sido eufemístico, casi todos la miraban con odio y desde luego nadie trataba de ocultar su desconfianza. Si su compañero no hubiera sido humano, la habrían violado y matado. Quién sabe si en ese orden. Tenía unos rasgos angulosos, casi afilados, era bajita y anormalmente delgada, y tenía unas enormes orejas puntiagudas que le caían a ambos lados de la cabeza. Ella consideraba que no era una chica agraciada, pero a Bjorn –y a casi cualquier persona– le resultaba irresistible.
A Nara le encantaba de él que fuera alto y atractivo. Y le gustaba perderse contemplando esas ojeras que, por alguna razón, relacionaba con un tipo estudioso. Y sus ojos marrones tan… humanos. Aunque, al igual que él, concebía el físico como un mero adorno.
Las antorchas iluminaban la noche y el hedor de sangre rancia invadía el recinto. Hacía un par de semanas que entre los dos habían cazado a un Bicéfalo escamado –a cambio de una recompensa demasiado baja para sus estándares habituales– y los restos del cuerpo inservibles se descomponían sobre la tierra en barbecho, al otro lado de los contrafuertes. Aun así, el olor llegaba hasta ellos saturándolos. Por otra parte ponerse a comer al lado tanto de la taberna como de la carnicería, con la mezcla de aromas que aquello suponía, tampoco había resultado ser una buena decisión. No podían asegurarlo, pero probablemente se encontraban en una especie de epicentro de pestilencia.
–Tío, ¿cómo conseguiste averiguar quién había matado al señor Harmack? –quiso saber Nara sin quitarle la vista a su pareja de espadas, una medida que, rodeada de gente poco élfica, siempre era conveniente revisar.
–Encontré su cabeza.
–Ah –asintió ella.
Bjorn era un nigromante y podía, por ejemplo, hablar con cadáveres, además de fabricarlos y/o animarlos de muy diversas maneras. La nigromancia como tal era una rama de la magia controvertida cuando menos y a cualquier adepto podía costarle la vida por los más diversos motivos… aunque uno bastante frecuente era el nutrido grupo de intersección que existía entre la gente con prejuicios bien definidos y la gente con acceso a horcas y antorchas.
–Pero ya sabes que los cadáveres, estrictamente hablando, en fin… no hablan –siguió Bjorn. Los muertos sólo eran capaces de comunicar los últimos minutos de vida, por supuesto sin emplear las cuerdas vocales; no parecía que hubiese almas de ningún tipo tras las palabras de humo dibujadas en el aire–. ¿Y tú cómo conseguiste pillarlos a los cinco? ¿Es que fueron de uno en uno? –indagó él entre risas.
–La verdad es que no eran los cuchillos más afilados del cajón, ¡y menos en el bosque!, puse una trampa en el camino y… ¡cayeron dos! –lo recordaba riéndose–. Menos mal que no tuve que matar a ninguno, habría sido… Además una elfa… Yo vuelvo a cazar monstruos, nada de gente –anunció acurrucándose sobre el regazo de  Bjorn.
–Pensaba proponértelo –dijo distraídamente–. Con los monstruos uno sabe a qué atenerse –añadió contemplándola con un infinito cariño en los ojos.
–Cuéntame una historia, anda –le pidió ella acaramelándose–, las conversaciones de estos paletos me dan escalofríos.
Y es que los lugareños comentaban alternativamente rumores procedentes de lugares remotos y extraños:
–¿Pero qué dices? ¡Todo el mundo sabe que los reyes son buenos!
–Pero éste es un impostor.
–Ah, coño, un impostor….
–Ya andaba yo pensando…
–Si es que… no te fíes de gente con ojeras, que lo digo yo siempre.
Bjorn se volvió hacia Nara con cierta preocupación:
–¿Sabrán que el corazón atómico de la mayoría de los monstruos se colapsa al reaccionar con un campo de neutrinos apropiadamente canalizado a través de un báculo como éste? –dio un par de toquecitos en el suelo con el bastón.
–Ya salió el doctor “Pedanto” –se rio ella–. No creo que sepan lo que es la Universidad de Oxenholm ni en qué dirección se encuentra, ni creo que sepan cómo se deletrea la palabra “Oxenholm” –dijo fingiendo extenuación–. Bueno… ni la palabra “universidad”. ¡Y tú dices que vivimos en los restos de una civilización! –se indignó Nara entre ironías.
–¡Y es verdad! –se quejó él siguiéndole el juego.
–No, son los restos de tucivilización. Los elfos nos haremos abrigos con vuestras pieles: Antropología de las subespecies dos. ¡Toma ya!
–Qué pedagógico –él dio otro sorbo de cerveza.
–Didáctico incluso –la sonrisa de Nara era contagiosa.
–Ya no hacéis eso, ¿verdad?
–Hombre… –la elfa se encogió de hombros titubeando– todo es ponerse –finalizó con determinación–. Al menos hasta que dejéis de llamarnos “subespecies”. –aclaró riéndose–. Oye, ¿no me ibas a contar una historia? –quiso saber su sonrisa–. Y déjame la cerveza, que te la acabas tú toda, gordaco. ¿Nadie te ha dicho que compartir es vivir, joder? –cogió la jarra de entre sus manos, con una suavidad a la que Bjorn pensaba que afortunadamente jamás se acostumbraría.
–¿Puedo contarte, en vez de una historia, el esbozo de lo que trato de escribir?
–¡¿Que sabes escribir?! ¡No jodas! –soltó simulando sorpresa y llevándose las manos a la cabeza.
–Mira que no te lo cuento –le amenazó él.
–Mira que no te lo cuento –repitió ella modulando la voz infantilmente.
–Pues quiero escribir una historia empleando un lenguaje, digamos… arcaizante que trate de dos personajes y un destino intermitentemente trenzado…
–Pues quiero ser un pedante que escribe cosas pedantes y bla, bla, bla, pedantería, bla, bla… –se burló ella de nuevo, esta vez agravando la voz.
Él guardó silencio obstinado: intentaba parecer alguien que podría estar dispuesto a cumplir su amenaza y, sobre todo, a no reírse.
–Perdooooona…. –se disculpó la elfa sonriendo.
–Vale, pero me abrazas tú ahora.
–¡Vale! –le envolvió animada con sus brazos–. La verdad es que me he resultado casi cansina a mí misma –hizo presión con sus pechos en la espalda de él de forma exagerada, casi teatral, y ambos se rieron.
–Quería –comenzó a decir el hechicero– contar la historia de dos personajes que hacen el amor. Basada en nosotros dos, claro.
–Entonces es porno del bueno y eso me gusta, Bjorn, pero, ¡venga, tío! –le espetó entretenida–. Nos pasan un montón de… de… movidas alucinantes y todo eso. ¿Te acuerdas del monstruo de Olacile?, era enorme –le recordó– o… ¡de nuestro asalto al campamento del valle Dolina! –exclamó emocionada.
–¿Asalto? –repitió recordándolo entre risas–, ¡anda coño!
–Bueno, ¿y de ese par de idiotas que intentaron secuestrarme? Vale, esa no es una historia demasiado buena, pero… –bajó el tono y comenzó a susurrar–, pero matamos a un jodido dragón, tío. No nos pagaron y toda esa mierda…
–La verdad es que fue una seria putada –convino él.
–Sí, pero lo matamos porque más vale maña que fuerza. No te niego que me das una cantidad y calidad de orgasmos épica, pero –él posó el dedo índice en los labios de ella– boddiad edcdibid…
–Puedo escribir esas cosas más tarde si me apetece, ¿no?
–Bueno, mirado así… –sopesó la situación arqueando una ceja–. ¿Ella puede tener barriguita? Me encantan las mujeres con barriguita, puedes apoyar la cabeza y está blandito. Los elfos somos plumas en perpetua caída.
–Vale –concedió el nigromante.
–Dime algo de lo que se te haya ocurrido, va.
–Sólo tengo una ligera idea: que el acto revista una forma ritualizada y, ya sabes, que terminen a la vez como es costumbre –ella asintió, eso también le gustaba–. Aparte tengo conceptos en la cabeza –comenzó a explicarse moviendo las manos en círculos–: trazos, ideas y frases sueltas… –hizo memoria–. “Y perdido más allá del placer, de la ternura y la comunión, me abrazo a tu cuerpo trémulo sobre el nacimiento de un gemido, surcando un tú y un yo que no somos nunca más, desapareciendo tras el velo del tiempo, porque nunca hubo dos almas donde hubo un amor” y “los orgasmos resbalan por tu garganta intentando trepar a tus labios, desesperados”.
–Es precioso –musitó Nara con las palabras perdidas de los sueños–, lo que escribes… es precioso.
–Gracias.
–Le hannon –repuso ella a su vez.
–¡No me des las gracias, hombre! –se quejó ruborizado.
–¡Claro que sí!, está guapísimo. Pero tienes que hablar de tu pene –aseveró su compañera señalándole.
–Ya lo tenía pensado…
Contemplaron la noche, en silencio, sólo por un momento.
–Parecemos gilipollas –resolvió él entre risas.
–Me encanta poder ser todo lo gilipollas que quiera contigo –ella sonreía y le abrazaba con más fuerza–. Gilipollas hasta el infinito –su mano describió una recta sin fin.
–Hasta el infinito más uno –siguió él.
–¿Hasta el infinito… más… dos? –se aventuró ella.
–¡Anda, flipá, eso no vale! –protestó él divertido.
–¡Entonces hasta el infinito al cubo!
–Mira, pues ahí me ha pillao.
–Qué pasao –dijo ella riéndose, junto a él.
–¿Pasao yo? –bufó Bjorn.
Sonrieron.
–¿Sabes qué? –dijo Bjorn apoyándose un poco en ella–, admiro la forma que tienes de luchar.
–Le hannon. Creo que al hacer el amor se puede hacer lo mismo: ser efectivo en aras de la vagancia. No digo que sea la opción más perfecta ni que uno no pueda deshacerse en florituras, que eso no es tan fácilmente cuantificable ni en términos de vaguedad ni en términos de vagancia y además suele apetecer –le aseguró Nara–, pero me gusta hacer las cosas así. En realidad intento dar lo mejor de mí misma y me concentro mucho para ser el movimiento justo. No somos distintos en absoluto. Por eso me gustas. Y si no, me gustarías por cualquier otra cosa.
–¿Y decidirías, dependiendo de la cosa, esto de estar conmigo y tal?
–Sí, nadie es perfecto. Yo no lo apruebo todo.
–Entonces me consientes mucho –bromeó él.
–Yo no te consiento nada –bromeó ella.
–Tienes razón, no hay salvados.
–Ni salvadores –añadió Nara.
Respiraron hondo, disfrutando de la noche.
–¿No crees que la gente se rallará? –quiso saber la elfa de pronto–. Es decir… en realidad no pasa nada, ¿no? En el sentido de que no hay inicio, nudo y desenlace en tu historia. Porque, bueno… porque no hay historia.
–Pero lo cierto es que sí que está pasando algo: el mundo que podría estar desquiciado vibra apacible siendo, en la eternidad del momento, la felicidad de dos personas, dos personas que se aman y, sobre todo, que lo pasan bien amándose.
–Me gusta –Nara se relajó aún más–. ¿Pero los escritores no escriben sobre la tristeza, la soledad y cosas así como para rajarse las venas? Ya sabes… fracaso, denuncia social, monstruos híper-desarrollados tanto figurados como literales, inteligencia frustrada y todo ese rollo.
–Podría ser… ¿Cómo voy yo a saberlo? –inquirió él mordaz.
–Buena pregunta –se rieron.
Se miraron.
Se besaron.
–Historias en las que no pasa nada… –murmuró Nara mientras miraba las estrellas.