Only when we have no mind on things and no things in our mind we become available.

viernes, 31 de julio de 2026

Encrucijadas

Encrucijadas:

 


Antes de todos los antes no había nada. Pero el yo apareció de ese mismo vacío, rasgando el tiempo y creando el momento.

Y en este relato el yo, resulta que eres tú, ¡cómo es la vida!

Comienzas a avanzar, al principio todo es pura magia y ves el mundo como un espectáculo del que sólo puedes ser parte. Eres como una canción que surge entre notas musicales, o como el color que pinta un amanecer.

Después un montón de gente empieza a poner despreocupadamente sus ideas y expectativas en ti, y tú empiezas a crecer y petrificarte, sólo un poquito, lo justo para representar tu papel.

No obstante, el escenario es exigente y poco a poco aprendes a defenderte de las vicisitudes de la vida. Recurres a mecanismos, resortes que se activan cuando una situación nueva se asemeja lo suficiente a una situación vieja en la que no se te dejó ser tú porque tenías que responder a ideas y expectativas ajenas, y gracias a esos resortes y mecanismos sabes qué hacer.

Empiezas a sentirte esos mecanismos, empiezas a pensar que, de alguna forma, son tu personalidad y que eres tú quien maneja esas palancas, manivelas y brújulas.

Caminas y llegas a una encrucijada.

En esta encrucijada está tu familia. No, no podías elegirla pero, aunque aún no lo sepas, serás responsable de cómo reaccionarás a ella. Parece casi una trampa porque en buena medida de tu familia aprenderás Cómo se reacciona a las cosas™.

Es esta otra bifurcación está el momento en el que eliges a tus amigos, otra parte importante de ese aprendizaje. En retrospectiva puedo decirte que has tenido suerte pero, ¿qué habría sido de ti si te hubieras ido con aquellos otros de corazón más oscuro?

También estaban aquellos otros, que triunfaron mucho a nivel económico en la vida, ¿qué habrá sido de ellos?

Sigues andando y de nuevo te encuentras con varios caminos.

Aquí está el momento en el que decides quedarte en una relación en la que no te tratan bien. En realidad, esta decisión se compone de una miríada de momentos extendiéndose en línea recta ante ti. ¿Tienes las herramientas y el conocimiento para hacer otra cosa? Si no los tienes, ¿es realmente una decisión?

El resto de caminos parecen ilusiones, en ése la misma relación dura muy poco tiempo, en aquél por lo visto emigras y emigrar con tu pareja funciona, y en el de más allá emigrar crea un resentimiento que os destruye a ambos. Por supuesto, en la mayoría de bifurcaciones esa pareja ni siquiera existe y ese tiempo se ha llenado quizás con otras personas o asuntos.

Miras hacia atrás con curiosidad, pero te topas con el momento en el que esa relación termina, en algunas realidades saltas rápidamente a otra relación, en otras sufres depresión al no saber navegar el duelo, y en este camino que andas te cuestionas por qué aceptaste aquel trato.

¿Has visto? Este otro es el camino en el que huyes de tus actos y sus consecuencias porque no puedes hacer frente al coste emocional que supone entenderte como una persona que ha actuado así o asá, como una persona que ha hecho tal cosa a otros o se ha hecho tal otra a sí misma. Si lo sigues, las consecuencias emocionales de esta decisión se dividirán y será muy complicado seguirles la pista para montar el puzzle de nuevo.

Por ese otro camino te centrarás sobre todo en tu vida profesional, sin dejar de buscar gente que te acompañe en la vida.

Por ese solitario sendero te centras en tu vida pero vas perdiendo poco a poco de vista a quienes habían caminado contigo.

Por supuesto, hay caminos complicados, si vas por ese de ahí cambiarás, matarás –metafóricamente– a parte de quien eres y sufrirás –esto ya en un sentido muy literal–. Pero cambiarás al fin y al cabo porque el coste de sufrir el cambio es más bajo que el coste de sufrir todo lo que pasaría si no cambiases.

Mira, en una bifurcación tus amigos cambian contigo.

En otras no.

En muchas otras, algunos sí y otros no.

Evidentemente tú no puedes elegir nada de eso, así que no eliges.

Fíjate, por este camino aprendes, a costa de no traicionarte, que tus mecanismos de defensa pesan demasiado y sirven demasiado poco. Que hay personas a las que hay que dejar marchar. Que aprender a regular tus sentimientos en ningún caso significa reprimirlos o huir de ellos, pensando excusas, jerarquías y cualquier relato que te haga sentir mejor que los demás porque patatas, que si eres mejor en esto o en aquello, ya conoces esa mentira.

La mentira del yo.

Es sólo una inflamación del ego, algo molesta, pero es de esas enfermedades que se matan ellas solas, como la fiebre. El tratamiento: valentía a raudales, superando el límite de la imaginación y lo socialmente aceptado. Luego, cuando la valentía ya ni siquiera entienda dónde quedaba ese límite, quién lo había puesto ahí o a qué hora abre, un poco de chocolate.

Pero espabila, que la vida te va a comer. Por ese camino, sí, empiezas a sentir todos los sentimientos, incluyendo los negativos. ¿Por qué alguien iba a someterse a esa tortura? Pero ganas en claridad y poco a poco la vida duele menos. Esos mecanismos y resortes a los que llamabas tu personalidad caen, porque ya no te son útiles.

Y los sentimientos se van integrando en todos esos huecos que han ido dejando los mecanismos que ya no están ahí. De repente, te deslizas con la vida por la vida, y empiezas a bailar con ella.

Las tablas bajo tus pies resuenan huecas.

De repente, los demás también bailan.

Las tablas bajo sus pies resuenan huecas.

Llevan muchos mecanismos de supervivencia a cuestas, ¿pero quién no?

Te detienes en medio del escenario, la luz de los focos te ciega.

Entonces miras al público, pero no hay nadie.

En tu mano hay una máscara, es tuya, tu persona.

Pero esa máscara está hecha sólo de supervivencia y familiaridad, de miedo y pasado.

Y ya no encaja en ti.

En ella hay grietas, y tú vienes con tu propio rostro, uno que nunca tuvo nombre.

Haces una reverencia.

Y así es como caen las máscaras: con una reverencia llena de compasión por quienes hemos sido.

Suenan unos aplausos enlatados, como si el sonido procediera de una vieja cinta de cassette pregrabada.

¿Quién eres tú?, te pregunta la vida, que por algún motivo te habla desde el proscenio, quizás con interés.

La noche se ondula como una manta extendiéndose en el aire y se detiene, creando un paisaje de colinas negras salpicadas de estrellas titilantes, y hay un sendero abriéndose paso entre ellas, un rayo de luna, que marca un camino que nadie puede recorrer, salvo la noche misma.

¿Quién eres tú?, insiste la vida, expectante.

Y tu única respuesta es un signo de interrogación.


    Encrucijadas  © 2026 by Marta Roussel Perla is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International. To view a copy of this license, visit https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/

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