A veces siento un amor que me desborda y lo desborda todo. No puedo predecir cuándo ocurrirá y nada puede prepararme para ello y aunque a veces va ligado al amor romántico y éste me ayude a recordarlo, no siempre es así. Simplemente aparece en mí.
lunes, 10 de abril de 2023
A veces
viernes, 17 de marzo de 2023
Otricidio
“Imagination
is only intelligence having fun. A healthy mind knows how to switch between
worlds, and which one you need to eat and sleep in”.
TERRY PRATCHETT
Otricidio:
Los
mundos eran como cristales rotos, resquebrajados y borrosos que durante la
noche formaran un espejo perfecto. Era entonces cuando deslizarse entre ellos era
posible y era entonces cuando los héroes daban caza a temidos monstruos, fieras
y demonios, cruzando más allá del límite de la realidad.
La noche era la puerta y la magia
era la llave.
—No deberías estar aquí, es
peligroso —aseveró Alma, trepando por encima de las almenas con sus ocho patas
de araña, ajustándose las correas de su cota de cuero.
Tilman, un pequeño y rechoncho
niño humano de trece años, se abrazaba a sus piernas, cabizbajo, con papeles
alrededor llenos de dibujos y líneas escritas. La miró, tratando de contener
sus lágrimas.
Ella cubrió rápidamente la
distancia entre ellos y lo abrazó con fuerza.
—Llora, Til, tus lágrimas
significan que la abuela era importante y hay que honrar su memoria dejando al
dolor manar del corazón.
Ella también se dejó soltar la
carga y unos minutos más tarde, ya ambos secándose las lágrimas, le dijo:
—¿Quieres enseñarme qué le has
escrito?
Él dejó
escapar una sonrisa avergonzada entre el rubor y comentó, un poco a la
defensiva, que aún no sabía en realidad de qué género iba a ser la historia, ni
qué iba a ocurrir exactamente, ni cómo iba a tener aquello relación con la
abuela o qué aspectos de ella debería homenajear siquiera, de modo que
comenzaron a hablar acerca de la vida y la muerte, de los recuerdos y la
imaginación.
Markus avanzaba
agotado, la espalda había comenzado a dolerle hace unos minutos y había
empezado a jadear hacía unos segundos.
—¿Quieres
descansar? —preguntó Hilda, agotada, apoyando todo el peso de su cuerpo en su
bastón y sin tratar de ocultar su propio cansancio. Era mucho más joven que él,
pero también era una persona acostumbrada a usar conjuros para organizar su
escritorio o atarse los cordones.
—Sí —dijo él arrojado su pesada
mochila al suelo—, aún estoy intentando entender cómo una mujer araña ha “estado
aterrorizando” la aldea sin que haya ningún herido ni absolutamente ningún
desperfecto.
—Son peligrosas —dijo Hilda mirándole
de soslayo—. Lo sabes de sobra, también lo son los magos.
—Sí, pero la guerra ha acabado,
hemos ganado y tenemos a la mayoría de esos monstruos confinados en los campos
—alegó Markus—, no tiene sentido…
—Es nuestro deber salvar y
purificar sus almas —dijo Victor, su voz ya daba tantos escalofríos como la de cualquier
arconte aun siendo él tan joven como Hilda—, debemos ayudarles, alejarles de
ese sendero degenerado y acercarles al camino de los justos. Nuestros dioses
conocen una compasión sin límites.
A Markus no se le escapaba que la
pureza del camino de los justos estaba adoquinada con los cuerpos de todos
aquellos cuya salvación consistía en, básicamente, estar muertos.
—El último año ni siquiera era
ella —decía Tilman—, o… sí —siguió, pensativo y extrañado—, pero… muchas veces
no era ella, no sabía quién era nadie y me pregunto si… ¿sabía ella misma quién
era… ella?
—Has usado demasiados pronombres,
Til, me he perdido un poco —le confesó Alma—. Yo creo que sí sabía quién era y
aunque no nos reconociera ya al final, aunque no supiera inmediatamente
nuestros nombres o quiénes éramos, sí sabía que éramos un lugar seguro, que
podía confiar en todos nosotros, eso no lo había olvidado. Nunca tenía miedo
cuando estábamos con ella. Además, podemos recordarla por todos los años en los
que sus historias nos hacían reír toda la noche.
—A lo mejor el relato podría
consistir en ella viajando a un lugar especial, donde estamos todos, donde se
siente bien… Aunque supongo que tendría que haber algo de acción: quizás podría
no recordar qué lugar era y todo está convertido en piedra y cubierto de niebla
y ella tiene que hablar con extrañas criaturas, resolviendo acertijos y
venciendo a enemigos a base de inteligencia y rapidez mental. ¿Crees que es una
buena idea? —quiso saber Tilman.
—Cualquier idea es buena siempre que se desarrolle bien —asintió ella—. Todo el mundo dice que los adolescentes tenemos demasiada seguridad en lo que decimos y, mira, no me lo parece, y quizás me equivoco porque parece ser por lo visto que sólo por carecer de experiencia ya no puedo pontificar nada, un total absurdo, muchas frases categóricas las ha dicho gente que obviamente ni siquiera estaba sobria, yo qué sé, pero creo que cualquier idea es buena para un relato siempre que se desarrolle bien —le respondió la chica-araña.
—¿Sí? ¿Qué opinas de unos
calzoncillos malvados como concepto? —la retó Tilman.
—Olvida lo que he dicho.
—Lo único malo es que, para
escribir cosas verdaderamente inteligentes, sin hacer trampas, uno tiene que
ser tan inteligente como sus personajes y eso me obligaría a darle caña a mi
imaginación escribiendo, es un círculo vicioso, Alma.
—¿Darle caña a tu imaginación?
—curioseó ella.
—Dicen que aprendes mejor cuando
te diviertes y la creatividad hace que la inteligencia se divierta. Lo he leído
—aseveró él con rotundidad.
—Bien visto.
—¿Es aquí? —inquirió Marukus.
Se detuvieron ante las ruinas de
una torre solitaria sobre una colina, cubiertas por la maleza.
—Aquí hay un portal —dijo Hilda—
cubre la atalaya por completo y puedo activarlo.
Unas escaleras de caracol en muy
mal estado, semi derruidas, se aferraban al presente como podían, tratando de
escalar los tres pisos en los que se dividía la torre.
—¿Crees —comenzó Hilda a decir—
que podemos cubrir más terreno si cada uno vamos a un piso diferente?
—¿Y con qué iba el inquisidor a
defenderse, con su firme sentido de la moral?
—Participé en la guerra de Kerala
—puntualizó Victor—. La guerra nos descubre, nos quita la máscara que tenemos
que llevar puesta en sociedad. Nos libera.
—Lo cual es interesante porque
hay quien dice que Kerala, lejos de ser una guerra, fue una masacre —comentó
Markus.
—Sólo un hombre bueno es capaz de
sacrificar quien es, en qué cree, para hacer lo correcto —respondió el
inquisidor.
—La justicia no es más que relato
disfrazado de moral —dijo Markus a su vez.
—Por eso lo correcto debe ir un
paso por delante de la justicia —zanjó Victor.
—Me preocupa que puedan escapar
—dijo la cazadora de magos, intentando volver sobre la conversación.
—Prefiero que esta misión se
salde sin ninguna baja —aseguró Markus.
—Y sin embargo no puedes
desobedecerme —Victor ensayó la sonrisa dulce de quien detenta la autoridad y
sabe que puede castigar a otros a su discreción. Hilda y Markus se giraron
hacia él—. Nos separaremos: Markus, sube al tercer piso, Hilda, ve al segundo,
cuando tengamos nuestras posiciones aseguradas, abre el portal y envíanos al
otro lado.
Hilda y Markus se fueron a
despedir en el segundo piso.
—¿Realmente piensas que esto no
tiene sentido? —quiso saber la cazadora de magos.
—Nunca he sido el cuchillo más
afilado del cajón, pero tal y como yo lo veo todos esos monstruos han sido
expulsados a otro plano de existencia, se les culpó de romper el espejo a pesar
de que no tenían otra salida que huir, refugiarse y sellar el camino por el que
escapaban. Y aunque aquí los hemos exterminado o enviamos a los que quedan a
los campos, aún se les culpa de los males de este mundo y cruzamos entre planos
para seguir con la matanza. Y si se les culpa de los males de este mundo, pero
ellos ya no son un agente de cambio en él, hay alguien que sí es culpable y que
nunca será juzgado. Seguro que esto es tan simplista como confundir legalidad y
justicia, seguro que todo lo que ocurre se debe a muchas causas que no logro
entender, de las que nadie me ha hablado.
—Eres un cazador de demonios,
¿por qué no te limitas a serlo? Eres bueno haciéndolo —dijo ella, intentando no
parecer altiva, realmente pensaba que era un comentario positivo. Pero él no lo entendió
de ese modo:
—Porque entonces podría creerme
inteligente mientras me dedico a asesinar magos, siendo yo un mago y sin
preguntarme qué pasará conmigo cuando todos esos hechiceros que tengo que matar
se acaben —le reprochó él.
—Estamos desmantelando un sistema
de poder opresivo, tal vez no recuerdas los pogromos de la época Norvell.
—¿Alguna vez has ojeado en un
libro de historia qué clase de gente lleva a cabo pogromos? ¿Nunca has estado
en los campos de concentración, verdad? —interrogó él, cortante—. Supongo que
el mundo es mucho mejor ahora —respondió con cinismo mientras se marchaba irritado
en su ascenso por las escaleras. Últimamente entendía cada vez menos las cosas,
y desde luego no comprendía que alguien se aliase con un poder que en última
instancia le iba a destruir. ¿Pero qué sabía él? Sabía que estaba furioso y
sabía que la ira es una carta de amor a uno mismo ante la injusticia.
Sólo un tipo de humano podía castigar
a otra criatura para vencer en la lucha del bien contra el mal. Markus se
preguntaba dónde demonios quedaba esa lucha y, sobre todo, dónde demonios se
encontraba él en esa lucha.
—¡Ya estoy en posición! —gritó
Markus desenvainando su espada, con su escudo en ristre.
—¡Abro el portal! —respondió
Hilda.
—Mierda —masculló Markus arrojando su
espada al suelo, negando con la cabeza en silencio y dándose por vencido. El
portal se cerró a sus espaldas. Ante él sólo había un par de críos, uno de
ellos, humano.
Alma había desenvainado dos
espadas, con una expresión de desafío genuina pero algo avergonzada, ahora sin
embargo dudaba.
Hilda subió por las escaleras,
preparando alguna clase de hechizo de fuego.
No obstante, el hechizo se
desvaneció de entre sus manos.
—¡No puede ser! —exclamó
frustrada, tras intentarlo de nuevo un par de veces. Trató de utilizar otros
conjuros, pero no había magia en su interior y llegó a ella la incomprensión y
con la incomprensión, el miedo.
Una ola de calma se llevó todo su
temor.
—Lo siento —se lamentó Tilman,
mientras pagaba el precio por usar su poder y la sangre comenzaba a manar de la
herida que comenzaba a cruzar su ojo derecho, dejándolo tuerto, y una cicatriz
comenzaba justo después a cubrir el desgarro—, no me gusta meterme en la mente
de la gente.
—¿Recuperaré mi magia? —quiso
saber Hilda aterrorizada, desplomándose en el suelo.
—No, lo siento mucho —sentenció
Tilman.
—Vámonos de aquí, Hilda —pidió
Markus envainando su espada después de recogerla.
Se escucharon unos pasos
ascendiendo pausadamente por los escalones de piedra, Alma se apresuró a cubrir
la apertura que daba paso a las escaleras con su tela.
—¿Cuántos sois? —interrogó,
apresurada, la chica-araña.
—Hay un inquisidor —consiguió
decir Hilda en un hilo de voz, parecía a punto de romperse. Se sentía ya rota
en cualquier caso, una parte importante de lo que era, que daba forma a quien
era, su misma esencia, su propósito, había desaparecido.
—Cuida de ella —le dijo Alma a
Markus.
Tilman activó el portal, que
volvió a abrirse, separando la torre en dos mitades.
—No creo que Victor cruce el
portal sin haberos dado muerte —aclaró Markus, ayudando a Hilda a que se
apoyara en él para dirigirse al portal.
—Entonces podemos abandonarle
aquí —concluyó Alma, asomándose por las almenas—. Seguramente tiene la tela a
un lado y al otro el portal, o si no estará atrapado entre dos portales. Esto…
¿No tendrá fuego? —quiso saber pensativa.
En respuesta a su pregunta
escuchó el sonido de alguna clase de frasco de cristal haciéndose añicos e inmediatamente su
tela de araña comenzó a arder.
—Markus, conoces la pena impuesta
por traición —le recordó Victor con una voz en perfecta calma—, pero aún puedo
ser magnánimo. Debemos erradicar al monstruo, arrancar de él al humano —exclamó.
Dos espadas atravesaron su tórax,
Alma había cubierto con suma rapidez la distancia que le separaba con el
inquisidor. Extrajo de él las hojas ensangrentadas e intentó no mirar a ese
cadáver que golpeaba secamente contra el suelo de piedra machado de rojo.
—Se conoce que sabía pelear
contra gente desarmada —afirmó Markus con aire casual—. Lo siento —dijo después,
tras pensarlo unos instantes, haciendo un gesto vago como si quisiera señalar a
todo cuanto les rodeaba.
Hilda y Markus cruzaron el
portal.
A cada lado del mismo sólo había
supervivientes llenos de heridas.
—Deberían empezar a vivir un poco
—señaló Tilman—. Nos dejaría vivir a nosotros.
—Debe de ser terrible superar la adolescencia
y aún así pensar que hay gente que nace en la especie equivocada o de la forma
equivocada, y que deben ser castigados por ello. Lo malo de ese razonamiento es
que, por supuesto, si buscas bien, siempre hay alguien que es lo
suficientemente diferente por un lado y que, por otro, también se puede ahorcar
de un árbol.

Otricidio by Marta Roussel Perla is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
Based on a work at https://martarousselperla.blogspot.com/.
jueves, 2 de febrero de 2023
Todos somos capaces
Todos somos capaces:

Todos somos capaces by Marta Roussel Perla is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
Based on a work at https://martarousselperla.blogspot.com/.
martes, 3 de enero de 2023
Tortuguitas
The
tortoise is a ground-living creature. It is impossible to live nearer the
ground without being under it. Its horizons are a few inches away. It has about
as good a turn of speed as you need to hunt down a lettuce.
Terry Pratchett.
Tortuguitas:
En los
sueños a veces vemos a extraños que no lo son y en la isla esmeralda dicen que un
extraño es un amigo que está aún por conocer.
No sé si
soñé con ellas antes de conocerlas, pero sé que sueño con ellas bajo cualquier auspicio
y color. Sé que puedo reconocerlas a través de todas las noches en los reinos
de Oniros sin importar el disfraz que haya decidido tejer la imaginación y, sin
embargo, las admiro como en cada instante de vigilia.
Amigas y
amantes, se querían tanto que se dejaron marchar y se querían tanto que se
reencuentran sin querer, tal vez con otra forma.
El
verdadero amor es libre.
Y camina a paso lento y relajado,
como el de las tortuguitas tomando el horizonte por guía y maestro.
Cuando quieres a alguien,
simplemente deseas que esté en tu vida si ése es su deseo.
¿Y por qué adoro a estas mujeres?
Porque se tatúan sus temores, les dan vida y les acorralan contra la esperanza;
porque son un abrazo en el que se refugia el corazón, porque son una sonrisa
compartida en la que descansar, porque son guerreras deshaciéndose de las
cadenas del poder.
Y en esta noche, con el sabor del
vino ya en los labios, sonrío al pensarlas.
Mirándonos de igual a igual.

Tortuguitas by Marta Roussel Perla is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
Based on a work at https://martarousselperla.blogspot.com/.
domingo, 1 de mayo de 2022
Mood Indigo
Mood Indigo:
Aprovecharé mi posición como escritor de éxito para comenzar a narrar una
vivencia que muy posiblemente pueda encontrar al lector haciéndose un par de
preguntas al final del texto. Se trata de algo que podría ser mundano pero que,
como cada lectura literaria, tiene un elemento crucial que distingue la
experiencia narrada de todas las demás, siendo este elemento no otro que la
fealdad de una mujer.
Noto su inquietud, lector, preguntándose usted por qué
clase de fealdad se trata y en ese sentido he de decir, sin ánimo de decepcionarle,
que no es más que mera fealdad física. Lo especial del caso es que se concentra
toda ella en el rostro de una sola mujer, a la que llamaremos S* a fin de
proteger su identidad.
Conocí a S* en una suerte de cita doble que había
organizado un amigo para mí (y para él y su novia de entonces, por supuesto). La
historia es como sigue: la mujer que en primer lugar debía acompañarme no se podría
presentar al encuentro a causa de una emergencia y mi amigo trató de encontrar sin
éxito a una sustituta apropiada para que, lógicamente, viniera en su lugar. Si
bien, esta mujer era la última de su lista y, por supuesto, mi amigo se
disculpó de todo corazón conmigo tras la cita.
Sin duda he de hablar de ella, de modo que pueda usted
entenderme, querido lector (tal vez lectora, si es que ha podido aguantar su
crispación y ha conseguido llegar hasta aquí). Describamos pues su fealdad,
aunque va a ser difícil ilustrar sólo mediante palabras la asombrosa imperfección
de su rostro, que aunque había de ser forzosamente fruto del azar, llevaba a
pensar inevitablemente en el esmero que la casualidad ponía en conseguir que
cada pieza del puzle estuviera tan fuera de lugar y, no obstante, encajara de
tal forma que llegaba a verse en esa cara una cierta armonía o, al menos, la
perversión de la misma. Era un monumento a todo lo horrendo del mundo en
términos estéticos sin que, a la vez, se apreciara ninguna clase de
malformación de origen genético o enfermedad. Era una obra maestra de todo lo
que no debía ser estéticamente posible en un ser humano.
Pero, comprenda, querido lector, que no lleva este relato
el título de una canción de jazz por nada, sino como prueba de lo que nos unió
aquella noche. Sepa usted que además de la trágica apariencia externa de esta
mujer había en ella una personalidad magnética, pues raramente la vida nos maldice
dos veces seguidas, siendo ella además una persona que disfrutaba del jazz,
algo muy difícil de observar entre las nuevas generaciones. Y quizás cabe detenerse
en ese hecho porque de entre todas las formas de arte es posiblemente la música
la más perfecta: no hace falta entender el idioma en que la letra de tal o cual
canción ha sido compuesta, ni que una canción tenga letra siquiera, la música
consigue ir más allá, transpasando el umbral de inteligibilidad de nuestro
pobre lenguaje, diseñado para comunicar a otro ser humano dónde estaba la
comida y dónde no los depredadores, dejando atrás nuestras terribles
limitaciones y llegando a la profundidad nuestra alma.
Como le comentaba al principio de este relato, si los
hombres y mujeres no pueden tener amistades genuinas, debido indudablemente al
componente sexual que siempre atará a un hombre y una mujer que conversen
demasiado y lleguen a congeniar en la misma frecuencia de ideas e ingenio, sepan
ustedes que ese día conseguí una amiga que todavía aún conservo, habida cuenta
de que S* era tan fea que mi mujer, ya cuando me casé, se reía de cualquier
consideración sobre el adulterio. Pero queda así claro que, quizás por una vez,
un hombre y una mujer pudieron ser amigos, e incluso buenos amigos.
Y sepan disculparme algunos de ustedes: éste no es un
relato que busque hacer enfadar al lector (ni a la lectora, si es que alguna
mujer ha seguido leyendo hasta el final). Y si en cualquier caso encontrara
usted en sí mismo enojo, siéntase libre de hacer con él lo que le plazca, ya
sabemos que la rabia es útil cuando se emplea en el momento adecuado.
Y mientras suena Fontainebleau Forest en mi tocadiscos,
me despidiré de ustedes. No olviden brindar por la fealdad, que por métodos
inciertos también nos descubre el alma.

Mood Indigo by Marta Roussel Perla is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
Based on a work at https://martarousselperla.blogspot.com/.
jueves, 31 de marzo de 2022
Verso blanco
Verso blanco:

Verso blanco para Katia by Marta Roussel Perla is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
Based on a work at https://martarousselperla.blogspot.com/.
martes, 1 de febrero de 2022
Black Widow
Black Widow:
He had always been a daydreamer,
maybe because this world looked like a broken and dusty reflection of a promise
that never came true. There must be something else. How could this be
everything it was?
Death swifted across the fog, those
corpses were staring beyond the void, standing still, as though they were
banners warning not to go one step further.
He
looked up: the dead body of another warrior stood on the grass, covered in
blood and without one arm, seemed to be gazing right at the other side of
reality.
It
was the work of who, as rumours claimed, were the most powerful necromancer
since the Academy foundation: the one called Black Widow. How could they even
think of defeating him?
“Why
are they not moving?” his partner demanded.
Einar
managed to get out from the spider web of his thoughts, confused.
Stench
hit him, returning him back to his surroundings.
His
partner Heike was observing those living dead through the dense mist, fresh
corpses showing terrible wounds. One with no legs, another with ruptured
tendons, another one with a whole on his chest so big one could see through.
All those corpses belonged to the Death Church warriors, all of them clad in
the order armour and attires. Some of them even holding their weapons.
“Be
careful, Einar,” Heike said, stopping him with her arm. “I don’t understand why
are they not attacking us, quite possibly it’s some kind of trap, more
intelligent than my ‘hit them until they don’t hit you’ protocol.”
“I
don’t think it’s a trap, it looks rather like some kind of dissuasive measure…”
he commented bemused, “Do you think it’s the Black Widow?” he added in a
dubious tone.
“Do
not low your guard” she commanded, taking her battle axe with both hands, “I
don’t want to end up like our sisters” she said, speaking about the warrior corpses.
Einar
held his twin swords tight, he was scared.
Heike
looked at him, she was also terrified. She didn’t show it though, but Einar had
been with his partner for too long to not know that when Heike was worried, she
repeated some kind of high murmur as if she was a feral beast. And
now she didn’t stop her whispering.
“Do
you see the house?” she asked.
“Wait
here, I will go round it”
Heike
saw how Einar was engulfed by the mist. She had some living dead at her back,
making clicking and guttural noises that were not reassuring at all.
After
some seconds, Einar came back from the other side.
“The windows are
too narrow and there’s no other entrance” he muttered.
“Shit,” she replied at the same volume.
He
sneaked towards the house, she followed him. Einar hold the door firmly and
opened it slowly, avoiding any creaking sound.
He
saw some sacks leaning on the wooden wall, plough tools, a loft with haystacks
on it and a door to another room.
And
on that other room there was a little girl, possibly she was seven years old.
She
was reading a heavy book, sitting next to a candlelit table.
“They
always come in more numbers…” she sighed to herself. She left the book aside,
the girl looked exhausted and on the verge of crying.
Einar,
who had always been especially sensitive to it, felt magic fluctuating about,
it was so intense he could perceive it clearly as tentacles waving around that
little girl.
“It cannot be,” he
managed to say.
“If you cross this
door, you will die. Please leave,” she begged.
“Is that girl the
Black Widow?” Heike probed in bewilderment.
“I think the girl
is right, we should go,” the warrior said.
“There’re
two of us, what chances does she has of defeating us?” his partner complained.
“Well,
about that… I think that entrance crowded by corpses is the most eloquent
garden I know, Heike.”
“We
have come here to investigate our sisters’ disappearance,” she remembered him.
“And
we have found the culprit,” Einar insisted, taking Heike by her arm. “We can go
now.”
“Please,”
the little girl implored. “I don’t want to have more nightmares…” She sobbed.
“The
Black Widow has killed how many? Fourteen, fifteen warriors?” she blurted out.
“She’s a monster!” Heike sentenced, full of anger.
She
violently broke free from her partner’s grasp and crossed the door. Einar
barely had time to shout.
When
she went through the threshold, her axe and armour got torn open and
disintegrated upon contact with the magic field the necromancress had summoned.
Her body exploded in a rain of blood.
The
little girl was bitterly crying.
She
cried like someone at the edge of her truces, with her trauma learning how to
scream.
She
cried like someone who doesn’t understand why still has to bear on her
shoulders the heavy weight of so much pain.
She
cried like someone who wants to stop living, not because she wanted to die, but
because she wanted to put an end to her suffering.
She
cried like someone with all her reflections at war.
“Why
do you do this to me?” she asked, baffled, with a thin voice.
“I
will say I have put you to death” Einar decided. “That will give you time until
rumours get kindled again. Try to hide and go to the north, I know there are
wise people over there that can heal the bad dreams of day and night” he added, not
knowing what to do, but knowing such gesture was naïve at its best. He left.
Some
hours later, by night, he understood what had happened during that day and
cried for the two, thinking he would cry for days.
Perhaps
considering this world as though it was some kind of simplistic battlefield
prevented people from seeing humanity in who’s different. And considering
somebody could be a correct human being, prevented people from seeing
difference in humanity.
Maybe
that’s why the world is the way it is, he thought, because there are men like
me.
He
went to the north.

Black Widow by Marta Roussel Perla is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
Based on a work at https://martarousselperla.blogspot.com/.
