I don't know many things, but I know this: no matter if it’s intentional or not, if someone hurts you, they say they’re sorry, but they don’t want to make reparations; that’s just manipulation and not an apology. That's why there are four elements in a genuine apology.

lunes, 10 de abril de 2023

A veces

A veces siento un amor que me desborda y lo desborda todo. No puedo predecir cuándo ocurrirá y nada puede prepararme para ello y aunque a veces va ligado al amor romántico y éste me ayude a recordarlo, no siempre es así. Simplemente aparece en mí.

Es tan grande que lo llena todo, me hundo y siento que mi corazón está a punto de estallar. Esta intensidad no me pertenece a mí, es más bien como si el mundo entero me abrazara y me mostrara la belleza encerrada en cada pequeño detalle y en cada segundo de existencia.
Y por algún motivo, aunque pueda parecer una especie de escapismo al contemplar todo aquello que nos rodea, tengo la impresión de que estoy atada a la realidad como si las mismas raíces del mundo fueran las mías propias.
En esos momentos todo es demasiado y no hay forma de poderlo contener, es como si yo desapareciera y sólo quedara esa riada de emoción. Y sólo puedo llorar y sentir felicidad. 🥰🥰🥰

viernes, 17 de marzo de 2023

Otricidio

“Imagination is only intelligence having fun. A healthy mind knows how to switch between worlds, and which one you need to eat and sleep in”.

TERRY PRATCHETT


Otricidio:

 

            Los mundos eran como cristales rotos, resquebrajados y borrosos que durante la noche formaran un espejo perfecto. Era entonces cuando deslizarse entre ellos era posible y era entonces cuando los héroes daban caza a temidos monstruos, fieras y demonios, cruzando más allá del límite de la realidad.

La noche era la puerta y la magia era la llave.

 

—No deberías estar aquí, es peligroso —aseveró Alma, trepando por encima de las almenas con sus ocho patas de araña, ajustándose las correas de su cota de cuero.

Tilman, un pequeño y rechoncho niño humano de trece años, se abrazaba a sus piernas, cabizbajo, con papeles alrededor llenos de dibujos y líneas escritas. La miró, tratando de contener sus lágrimas.

Ella cubrió rápidamente la distancia entre ellos y lo abrazó con fuerza.

—Llora, Til, tus lágrimas significan que la abuela era importante y hay que honrar su memoria dejando al dolor manar del corazón.

Ella también se dejó soltar la carga y unos minutos más tarde, ya ambos secándose las lágrimas, le dijo:

—¿Quieres enseñarme qué le has escrito?

            Él dejó escapar una sonrisa avergonzada entre el rubor y comentó, un poco a la defensiva, que aún no sabía en realidad de qué género iba a ser la historia, ni qué iba a ocurrir exactamente, ni cómo iba a tener aquello relación con la abuela o qué aspectos de ella debería homenajear siquiera, de modo que comenzaron a hablar acerca de la vida y la muerte, de los recuerdos y la imaginación.

 

            Markus avanzaba agotado, la espalda había comenzado a dolerle hace unos minutos y había empezado a jadear hacía unos segundos.

            —¿Quieres descansar? —preguntó Hilda, agotada, apoyando todo el peso de su cuerpo en su bastón y sin tratar de ocultar su propio cansancio. Era mucho más joven que él, pero también era una persona acostumbrada a usar conjuros para organizar su escritorio o atarse los cordones.

—Sí —dijo él arrojado su pesada mochila al suelo—, aún estoy intentando entender cómo una mujer araña ha “estado aterrorizando” la aldea sin que haya ningún herido ni absolutamente ningún desperfecto.

—Son peligrosas —dijo Hilda mirándole de soslayo—. Lo sabes de sobra, también lo son los magos.

—Sí, pero la guerra ha acabado, hemos ganado y tenemos a la mayoría de esos monstruos confinados en los campos —alegó Markus—, no tiene sentido…

—Es nuestro deber salvar y purificar sus almas —dijo Victor, su voz ya daba tantos escalofríos como la de cualquier arconte aun siendo él tan joven como Hilda—, debemos ayudarles, alejarles de ese sendero degenerado y acercarles al camino de los justos. Nuestros dioses conocen una compasión sin límites.

A Markus no se le escapaba que la pureza del camino de los justos estaba adoquinada con los cuerpos de todos aquellos cuya salvación consistía en, básicamente, estar muertos.

 

—El último año ni siquiera era ella —decía Tilman—, o… sí —siguió, pensativo y extrañado—, pero… muchas veces no era ella, no sabía quién era nadie y me pregunto si… ¿sabía ella misma quién era… ella?

—Has usado demasiados pronombres, Til, me he perdido un poco —le confesó Alma—. Yo creo que sí sabía quién era y aunque no nos reconociera ya al final, aunque no supiera inmediatamente nuestros nombres o quiénes éramos, sí sabía que éramos un lugar seguro, que podía confiar en todos nosotros, eso no lo había olvidado. Nunca tenía miedo cuando estábamos con ella. Además, podemos recordarla por todos los años en los que sus historias nos hacían reír toda la noche.

—A lo mejor el relato podría consistir en ella viajando a un lugar especial, donde estamos todos, donde se siente bien… Aunque supongo que tendría que haber algo de acción: quizás podría no recordar qué lugar era y todo está convertido en piedra y cubierto de niebla y ella tiene que hablar con extrañas criaturas, resolviendo acertijos y venciendo a enemigos a base de inteligencia y rapidez mental. ¿Crees que es una buena idea? —quiso saber Tilman.

—Cualquier idea es buena siempre que se desarrolle bien —asintió ella. Todo el mundo dice que los adolescentes tenemos demasiada seguridad en lo que decimos y, mira, no me lo parece, y quizás me equivoco porque parece ser por lo visto que sólo por carecer de experiencia ya no puedo pontificar nada, un total absurdo, muchas frases categóricas las ha dicho gente que obviamente ni siquiera estaba sobria, yo qué sé, pero creo que cualquier idea es buena para un relato siempre que se desarrolle bien —le respondió la chica-araña.

—¿Sí? ¿Qué opinas de unos calzoncillos malvados como concepto? —la retó Tilman.

—Olvida lo que he dicho.

—Lo único malo es que, para escribir cosas verdaderamente inteligentes, sin hacer trampas, uno tiene que ser tan inteligente como sus personajes y eso me obligaría a darle caña a mi imaginación escribiendo, es un círculo vicioso, Alma.

—¿Darle caña a tu imaginación? —curioseó ella.

—Dicen que aprendes mejor cuando te diviertes y la creatividad hace que la inteligencia se divierta. Lo he leído —aseveró él con rotundidad.

—Bien visto.

 

—¿Es aquí? —inquirió Marukus.

Se detuvieron ante las ruinas de una torre solitaria sobre una colina, cubiertas por la maleza.

—Aquí hay un portal —dijo Hilda— cubre la atalaya por completo y puedo activarlo.

Unas escaleras de caracol en muy mal estado, semi derruidas, se aferraban al presente como podían, tratando de escalar los tres pisos en los que se dividía la torre.

—¿Crees —comenzó Hilda a decir— que podemos cubrir más terreno si cada uno vamos a un piso diferente?

—¿Y con qué iba el inquisidor a defenderse, con su firme sentido de la moral?

—Participé en la guerra de Kerala —puntualizó Victor—. La guerra nos descubre, nos quita la máscara que tenemos que llevar puesta en sociedad. Nos libera.

—Lo cual es interesante porque hay quien dice que Kerala, lejos de ser una guerra, fue una masacre —comentó Markus.

—Sólo un hombre bueno es capaz de sacrificar quien es, en qué cree, para hacer lo correcto —respondió el inquisidor.

—La justicia no es más que relato disfrazado de moral —dijo Markus a su vez.

—Por eso lo correcto debe ir un paso por delante de la justicia —zanjó Victor.

—Me preocupa que puedan escapar —dijo la cazadora de magos, intentando volver sobre la conversación.

—Prefiero que esta misión se salde sin ninguna baja —aseguró Markus.

—Y sin embargo no puedes desobedecerme —Victor ensayó la sonrisa dulce de quien detenta la autoridad y sabe que puede castigar a otros a su discreción. Hilda y Markus se giraron hacia él—. Nos separaremos: Markus, sube al tercer piso, Hilda, ve al segundo, cuando tengamos nuestras posiciones aseguradas, abre el portal y envíanos al otro lado.

Hilda y Markus se fueron a despedir en el segundo piso.

—¿Realmente piensas que esto no tiene sentido? —quiso saber la cazadora de magos.

—Nunca he sido el cuchillo más afilado del cajón, pero tal y como yo lo veo todos esos monstruos han sido expulsados a otro plano de existencia, se les culpó de romper el espejo a pesar de que no tenían otra salida que huir, refugiarse y sellar el camino por el que escapaban. Y aunque aquí los hemos exterminado o enviamos a los que quedan a los campos, aún se les culpa de los males de este mundo y cruzamos entre planos para seguir con la matanza. Y si se les culpa de los males de este mundo, pero ellos ya no son un agente de cambio en él, hay alguien que sí es culpable y que nunca será juzgado. Seguro que esto es tan simplista como confundir legalidad y justicia, seguro que todo lo que ocurre se debe a muchas causas que no logro entender, de las que nadie me ha hablado.

—Eres un cazador de demonios, ¿por qué no te limitas a serlo? Eres bueno haciéndolo —dijo ella, intentando no parecer altiva, realmente pensaba que era un comentario positivo. Pero él no lo entendió de ese modo:

—Porque entonces podría creerme inteligente mientras me dedico a asesinar magos, siendo yo un mago y sin preguntarme qué pasará conmigo cuando todos esos hechiceros que tengo que matar se acaben —le reprochó él.

—Estamos desmantelando un sistema de poder opresivo, tal vez no recuerdas los pogromos de la época Norvell.

—¿Alguna vez has ojeado en un libro de historia qué clase de gente lleva a cabo pogromos? ¿Nunca has estado en los campos de concentración, verdad? —interrogó él, cortante—. Supongo que el mundo es mucho mejor ahora —respondió con cinismo mientras se marchaba irritado en su ascenso por las escaleras. Últimamente entendía cada vez menos las cosas, y desde luego no comprendía que alguien se aliase con un poder que en última instancia le iba a destruir. ¿Pero qué sabía él? Sabía que estaba furioso y sabía que la ira es una carta de amor a uno mismo ante la injusticia.

Sólo un tipo de humano podía castigar a otra criatura para vencer en la lucha del bien contra el mal. Markus se preguntaba dónde demonios quedaba esa lucha y, sobre todo, dónde demonios se encontraba él en esa lucha.

—¡Ya estoy en posición! —gritó Markus desenvainando su espada, con su escudo en ristre.

—¡Abro el portal! —respondió Hilda.

 

—Mierda —masculló Markus arrojando su espada al suelo, negando con la cabeza en silencio y dándose por vencido. El portal se cerró a sus espaldas. Ante él sólo había un par de críos, uno de ellos, humano.

Alma había desenvainado dos espadas, con una expresión de desafío genuina pero algo avergonzada, ahora sin embargo dudaba.

Hilda subió por las escaleras, preparando alguna clase de hechizo de fuego.

No obstante, el hechizo se desvaneció de entre sus manos.

—¡No puede ser! —exclamó frustrada, tras intentarlo de nuevo un par de veces. Trató de utilizar otros conjuros, pero no había magia en su interior y llegó a ella la incomprensión y con la incomprensión, el miedo.

Una ola de calma se llevó todo su temor.

—Lo siento —se lamentó Tilman, mientras pagaba el precio por usar su poder y la sangre comenzaba a manar de la herida que comenzaba a cruzar su ojo derecho, dejándolo tuerto, y una cicatriz comenzaba justo después a cubrir el desgarro—, no me gusta meterme en la mente de la gente.

—¿Recuperaré mi magia? —quiso saber Hilda aterrorizada, desplomándose en el suelo.

—No, lo siento mucho —sentenció Tilman.

—Vámonos de aquí, Hilda —pidió Markus envainando su espada después de recogerla.

Se escucharon unos pasos ascendiendo pausadamente por los escalones de piedra, Alma se apresuró a cubrir la apertura que daba paso a las escaleras con su tela.

—¿Cuántos sois? —interrogó, apresurada, la chica-araña.

—Hay un inquisidor —consiguió decir Hilda en un hilo de voz, parecía a punto de romperse. Se sentía ya rota en cualquier caso, una parte importante de lo que era, que daba forma a quien era, su misma esencia, su propósito, había desaparecido.

—Cuida de ella —le dijo Alma a Markus.

Tilman activó el portal, que volvió a abrirse, separando la torre en dos mitades.

—No creo que Victor cruce el portal sin haberos dado muerte —aclaró Markus, ayudando a Hilda a que se apoyara en él para dirigirse al portal.

—Entonces podemos abandonarle aquí —concluyó Alma, asomándose por las almenas—. Seguramente tiene la tela a un lado y al otro el portal, o si no estará atrapado entre dos portales. Esto… ¿No tendrá fuego? —quiso saber pensativa.

En respuesta a su pregunta escuchó el sonido de alguna clase de frasco de cristal haciéndose añicos e inmediatamente su tela de araña comenzó a arder.

—Markus, conoces la pena impuesta por traición —le recordó Victor con una voz en perfecta calma—, pero aún puedo ser magnánimo. Debemos erradicar al monstruo, arrancar de él al humano —exclamó.

Dos espadas atravesaron su tórax, Alma había cubierto con suma rapidez la distancia que le separaba con el inquisidor. Extrajo de él las hojas ensangrentadas e intentó no mirar a ese cadáver que golpeaba secamente contra el suelo de piedra machado de rojo.

—Se conoce que sabía pelear contra gente desarmada —afirmó Markus con aire casual—. Lo siento —dijo después, tras pensarlo unos instantes, haciendo un gesto vago como si quisiera señalar a todo cuanto les rodeaba.

Hilda y Markus cruzaron el portal.

A cada lado del mismo sólo había supervivientes llenos de heridas.

—Deberían empezar a vivir un poco —señaló Tilman—. Nos dejaría vivir a nosotros.

—Debe de ser terrible superar la adolescencia y aún así pensar que hay gente que nace en la especie equivocada o de la forma equivocada, y que deben ser castigados por ello. Lo malo de ese razonamiento es que, por supuesto, si buscas bien, siempre hay alguien que es lo suficientemente diferente por un lado y que, por otro, también se puede ahorcar de un árbol.

 


 


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jueves, 2 de febrero de 2023

Todos somos capaces

Todos somos capaces:


Miro sus ojos y en ellos veo una persona viva y otra muerta, confluyendo en un presente opresivo, lleno de consejos bienintencionados que bien podrían ser un ancla que, en lugar de sujetar nuestro barco, nos ahoga en el fondo de las negras aguas.
No logro comprender por qué tanta gente elige a la persona muerta, es una forma reverente de arrogancia el decidir y obligar al otro a ser quien es a través de nuestra pupila, porque así le iría mejor, porque la queremos.
La persona muerta me aterroriza, puede andar, tal vez conoce la visión o el oído, quizás puede ayudar en casa o desempeñar algún trabajo. Es, en definitiva, una persona que no existe. Una persona capaz, pero que nunca jamás llegará a ser.
No podemos esculpir nuestras limitaciones para descubrir bajo ellas un núcleo puro y sin tara alguna, porque el núcleo también está hecho de la misma materia que el resto de nosotros. Esculpirnos es sólo un quitarnos para ocupar poco espacio, un ejercicio de substracción canibal sobre una misma, a fin de que que no se rasgen las vestiduras aquéllos que enarbolan el estandarte de la normalidad.
Ante mí veo a alguien con necesidades y capacidades diferentes que podría ser feliz pero se ahoga bajo el peso de todo aquello que debería ser, que da manotazos en el agua pidiendo auxilio mientras alguien se alegra genuinamente porque por fin mueve los brazos. ¿No estaba paralizada? ¿Acaso no se mueve ahora? ¿No será el ésta la clara señal de que sí podía con todo, tal y como pensábamos? Mientras, sin comprender y exhausta, muere y mueren sus ojos.
Hay una persona viva también, todavía está aquí. Necesita una silla de ruedas, un implante cloquear, unas pastillas o quizás comprensión. Necesita que no le hagan hacer malabares si es tuerta, que no le manden estar quieta si para aprender necesita movimiento, que no le hagan correr cien metros lisos si sus piernas no responden, que no la fuercen a tener un trabajo de ocho horas cuando el mundo es demasiado maleable para comprenderlo, tan cambiante que satura cada neurona y en su vaivén hace daño. Que no le digan que carece de valor por no ser otra persona que jamás podrá ser pues, por más que la obliguemos, sólo obtendremos de ella un cadáver que, pese a todo, no era como los demás y nunca hubiera podido serlo.
No eres una carga y no necesitas ser como aquéllos que te rodean.
Tus capacidades y tus necesidades sólo pueden ser un problema para quien te mira y cubre al tiempo sus ojos. Yo quiero verte, sin miedo.
Quiero verte y celebrarte.
Quiero verte y admirarte.




 

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martes, 3 de enero de 2023

Tortuguitas

 

The tortoise is a ground-living creature. It is impossible to live nearer the ground without being under it. Its horizons are a few inches away. It has about as good a turn of speed as you need to hunt down a lettuce.

 

Terry Pratchett.


Tortuguitas:

 

            En los sueños a veces vemos a extraños que no lo son y en la isla esmeralda dicen que un extraño es un amigo que está aún por conocer.

            No sé si soñé con ellas antes de conocerlas, pero sé que sueño con ellas bajo cualquier auspicio y color. Sé que puedo reconocerlas a través de todas las noches en los reinos de Oniros sin importar el disfraz que haya decidido tejer la imaginación y, sin embargo, las admiro como en cada instante de vigilia.

            Amigas y amantes, se querían tanto que se dejaron marchar y se querían tanto que se reencuentran sin querer, tal vez con otra forma.

            El verdadero amor es libre.

Y camina a paso lento y relajado, como el de las tortuguitas tomando el horizonte por guía y maestro.

Cuando quieres a alguien, simplemente deseas que esté en tu vida si ése es su deseo.

¿Y por qué adoro a estas mujeres? Porque se tatúan sus temores, les dan vida y les acorralan contra la esperanza; porque son un abrazo en el que se refugia el corazón, porque son una sonrisa compartida en la que descansar, porque son guerreras deshaciéndose de las cadenas del poder.

Y en esta noche, con el sabor del vino ya en los labios, sonrío al pensarlas.

Mirándonos de igual a igual.

 

 


 

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domingo, 1 de mayo de 2022

Mood Indigo

 Mood Indigo:

 


          

Aprovecharé mi posición como escritor de éxito para comenzar a narrar una vivencia que muy posiblemente pueda encontrar al lector haciéndose un par de preguntas al final del texto. Se trata de algo que podría ser mundano pero que, como cada lectura literaria, tiene un elemento crucial que distingue la experiencia narrada de todas las demás, siendo este elemento no otro que la fealdad de una mujer.

Noto su inquietud, lector, preguntándose usted por qué clase de fealdad se trata y en ese sentido he de decir, sin ánimo de decepcionarle, que no es más que mera fealdad física. Lo especial del caso es que se concentra toda ella en el rostro de una sola mujer, a la que llamaremos S* a fin de proteger su identidad.

Conocí a S* en una suerte de cita doble que había organizado un amigo para mí (y para él y su novia de entonces, por supuesto). La historia es como sigue: la mujer que en primer lugar debía acompañarme no se podría presentar al encuentro a causa de una emergencia y mi amigo trató de encontrar sin éxito a una sustituta apropiada para que, lógicamente, viniera en su lugar. Si bien, esta mujer era la última de su lista y, por supuesto, mi amigo se disculpó de todo corazón conmigo tras la cita.

Sin duda he de hablar de ella, de modo que pueda usted entenderme, querido lector (tal vez lectora, si es que ha podido aguantar su crispación y ha conseguido llegar hasta aquí). Describamos pues su fealdad, aunque va a ser difícil ilustrar sólo mediante palabras la asombrosa imperfección de su rostro, que aunque había de ser forzosamente fruto del azar, llevaba a pensar inevitablemente en el esmero que la casualidad ponía en conseguir que cada pieza del puzle estuviera tan fuera de lugar y, no obstante, encajara de tal forma que llegaba a verse en esa cara una cierta armonía o, al menos, la perversión de la misma. Era un monumento a todo lo horrendo del mundo en términos estéticos sin que, a la vez, se apreciara ninguna clase de malformación de origen genético o enfermedad. Era una obra maestra de todo lo que no debía ser estéticamente posible en un ser humano.

Pero, comprenda, querido lector, que no lleva este relato el título de una canción de jazz por nada, sino como prueba de lo que nos unió aquella noche. Sepa usted que además de la trágica apariencia externa de esta mujer había en ella una personalidad magnética, pues raramente la vida nos maldice dos veces seguidas, siendo ella además una persona que disfrutaba del jazz, algo muy difícil de observar entre las nuevas generaciones. Y quizás cabe detenerse en ese hecho porque de entre todas las formas de arte es posiblemente la música la más perfecta: no hace falta entender el idioma en que la letra de tal o cual canción ha sido compuesta, ni que una canción tenga letra siquiera, la música consigue ir más allá, transpasando el umbral de inteligibilidad de nuestro pobre lenguaje, diseñado para comunicar a otro ser humano dónde estaba la comida y dónde no los depredadores, dejando atrás nuestras terribles limitaciones y llegando a la profundidad nuestra alma.

Como le comentaba al principio de este relato, si los hombres y mujeres no pueden tener amistades genuinas, debido indudablemente al componente sexual que siempre atará a un hombre y una mujer que conversen demasiado y lleguen a congeniar en la misma frecuencia de ideas e ingenio, sepan ustedes que ese día conseguí una amiga que todavía aún conservo, habida cuenta de que S* era tan fea que mi mujer, ya cuando me casé, se reía de cualquier consideración sobre el adulterio. Pero queda así claro que, quizás por una vez, un hombre y una mujer pudieron ser amigos, e incluso buenos amigos.

Y sepan disculparme algunos de ustedes: éste no es un relato que busque hacer enfadar al lector (ni a la lectora, si es que alguna mujer ha seguido leyendo hasta el final). Y si en cualquier caso encontrara usted en sí mismo enojo, siéntase libre de hacer con él lo que le plazca, ya sabemos que la rabia es útil cuando se emplea en el momento adecuado.

Y mientras suena Fontainebleau Forest en mi tocadiscos, me despidiré de ustedes. No olviden brindar por la fealdad, que por métodos inciertos también nos descubre el alma.

 


 

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jueves, 31 de marzo de 2022

Verso blanco

 Verso blanco:

Caen las máscaras,
los cerrojos y los espejos rotos.
En calma, sabiendo
que pensamos demasiado,
que lloramos demasiado,
que reímos demasiado,
sentimos demasiado.
Las promesas se derrumban,
allí donde la escucha nace,
dejando un camino de realidad que andamos.
Tu piel late bajo mis dedos,
tu deseo es una palabra que puedo recorrer,
tu alma está escrita en lengua para ciegos.
Hay tanto que dejar de ver para poder contemplarla,
tanto peso muerto de ideas pasadas,
de errores,
experiencia dada la vuelta y vaciada.
En el tejido de tus victorias se trenza mi admiración,
mientras nos susurran secretos:
el amor no se dice, se hace.
Tras desafiar al mundo con tu solo ser,
tranquila me tienes descansando
en un abrazo compartido
con quienes hemos construido nuestro reflejo
más allá de los espejos. Ya no hay máscaras.
Sólo queda una tríada llena de poder.


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martes, 1 de febrero de 2022

Black Widow

 Black Widow:

 


            He had always been a daydreamer, maybe because this world looked like a broken and dusty reflection of a promise that never came true. There must be something else. How could this be everything it was?

            Death swifted across the fog, those corpses were staring beyond the void, standing still, as though they were banners warning not to go one step further.

He looked up: the dead body of another warrior stood on the grass, covered in blood and without one arm, seemed to be gazing right at the other side of reality.

It was the work of who, as rumours claimed, were the most powerful necromancer since the Academy foundation: the one called Black Widow. How could they even think of defeating him?

“Why are they not moving?” his partner demanded.

Einar managed to get out from the spider web of his thoughts, confused.

Stench hit him, returning him back to his surroundings.

His partner Heike was observing those living dead through the dense mist, fresh corpses showing terrible wounds. One with no legs, another with ruptured tendons, another one with a whole on his chest so big one could see through. All those corpses belonged to the Death Church warriors, all of them clad in the order armour and attires. Some of them even holding their weapons.

“Be careful, Einar,” Heike said, stopping him with her arm. “I don’t understand why are they not attacking us, quite possibly it’s some kind of trap, more intelligent than my ‘hit them until they don’t hit you’ protocol.”

“I don’t think it’s a trap, it looks rather like some kind of dissuasive measure…” he commented bemused, “Do you think it’s the Black Widow?” he added in a dubious tone.

“Do not low your guard” she commanded, taking her battle axe with both hands, “I don’t want to end up like our sisters” she said, speaking about the warrior corpses.

Einar held his twin swords tight, he was scared.

Heike looked at him, she was also terrified. She didn’t show it though, but Einar had been with his partner for too long to not know that when Heike was worried, she repeated some kind of high murmur as if she was a feral beast. And now she didn’t stop her whispering.

“Do you see the house?” she asked.

“Wait here, I will go round it”

Heike saw how Einar was engulfed by the mist. She had some living dead at her back, making clicking and guttural noises that were not reassuring at all.

After some seconds, Einar came back from the other side.

“The windows are too narrow and there’s no other entrance” he muttered.
“Shit,” she replied at the same volume.

He sneaked towards the house, she followed him. Einar hold the door firmly and opened it slowly, avoiding any creaking sound.

He saw some sacks leaning on the wooden wall, plough tools, a loft with haystacks on it and a door to another room.

And on that other room there was a little girl, possibly she was seven years old.

She was reading a heavy book, sitting next to a candlelit table.

“They always come in more numbers…” she sighed to herself. She left the book aside, the girl looked exhausted and on the verge of crying.

Einar, who had always been especially sensitive to it, felt magic fluctuating about, it was so intense he could perceive it clearly as tentacles waving around that little girl.

“It cannot be,” he managed to say.

“If you cross this door, you will die. Please leave,” she begged.

“Is that girl the Black Widow?” Heike probed in bewilderment.

“I think the girl is right, we should go,” the warrior said.

“There’re two of us, what chances does she has of defeating us?” his partner complained.

“Well, about that… I think that entrance crowded by corpses is the most eloquent garden I know, Heike.”

“We have come here to investigate our sisters’ disappearance,” she remembered him.

“And we have found the culprit,” Einar insisted, taking Heike by her arm. “We can go now.”

“Please,” the little girl implored. “I don’t want to have more nightmares…” She sobbed.

“The Black Widow has killed how many? Fourteen, fifteen warriors?” she blurted out. “She’s a monster!” Heike sentenced, full of anger.

She violently broke free from her partner’s grasp and crossed the door. Einar barely had time to shout.

When she went through the threshold, her axe and armour got torn open and disintegrated upon contact with the magic field the necromancress had summoned. Her body exploded in a rain of blood.

The little girl was bitterly crying.

She cried like someone at the edge of her truces, with her trauma learning how to scream.

She cried like someone who doesn’t understand why still has to bear on her shoulders the heavy weight of so much pain.

She cried like someone who wants to stop living, not because she wanted to die, but because she wanted to put an end to her suffering.

She cried like someone with all her reflections at war.

“Why do you do this to me?” she asked, baffled, with a thin voice.

“I will say I have put you to death” Einar decided. “That will give you time until rumours get kindled again. Try to hide and go to the north, I know there are wise people over there that can heal the bad dreams of day and night” he added, not knowing what to do, but knowing such gesture was naïve at its best. He left.

Some hours later, by night, he understood what had happened during that day and cried for the two, thinking he would cry for days.

Perhaps considering this world as though it was some kind of simplistic battlefield prevented people from seeing humanity in who’s different. And considering somebody could be a correct human being, prevented people from seeing difference in humanity.

Maybe that’s why the world is the way it is, he thought, because there are men like me.

He went to the north.

 


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